29 oct 2009

Afganistán, teatro en tiempos de guerra

Afganistán, teatro en tiempos de guerra

de: http://www.diagonalperiodico.net

Cuando la desesperación de un país invadido llega a límites insospechados y la guerra se apoltrona en las vidas de la gente, el teatro se vuelve un arma provisional para seguir la lucha contra todas las formas de injerencia fundamentalista.

HJALMAR JORGE JOFFRE EICHHORN (Director de teatro)
Lunes 19 de octubre de 2009. Número 111

“Cuando regían los talibán por lo menos había seguridad, ahora ya no hay ni eso. Si la situación no mejora pronto volveré a la lucha armada. Más vale morir con un arma en la mano que vivir como mendigo, pidiendo limosnas a los que se han beneficiado de la presencia extranjera”, dice el mismo veterano con convicción absoluta.

Mientras tanto, Sardar emplea el teatro como un arma provisional para seguir su lucha contra todas las formas de injerencia fundamentalista. De hecho, le gusta tanto su nuevo papel, que al final terminó como el personaje principal en una pieza de teatro que recorrió 11 provincias de Afganistán en 2008. La pieza, un monólogo llamado AH 7808, trata del doloroso proceso de recuperación de la verdad histórica después de 30 años de guerra. Un tema altamente sensible e inevitable en un país donde más de dos millones de personas han perdido la vida en las últimas décadas. Para la gran mayoría de las actuaciones se eligieron lugares simbólicos que reforzaran el contenido de la pieza. Uno de estos lugares es el antiguo Centro cultural de Kabul, levantado por los rusos y hoy totalmente destruido y convertido en hogar para centenares de niños de la calle y drogadictos de heroína. La atmósfera es tensa. Durante el primer acto, la esposa de un ministro se levanta entre gritos, rechazando la pieza por reabrir las heridas del pasado. Pide al público que abandone el local y salga con ella.

El público, unas cien personas, en su gran mayoría familiares de personas muertas o desaparecidas, no hace caso y decide quedarse para seguir revisando lo que para ellos nunca se ha ido: el dolor por la muerte de un ser querido. Entre lágrimas y gemidos, cada vez que el personaje lamenta la sangrienta historia nacional, la gente asiente con la cabeza, aplaude o pide que el Gobierno finalmente asuma su responsabilidad: encarcelar a los señores de la guerra, muchos de ellos hoy parlamentarios u hombres de negocios. Para otros espectadores, las lágrimas se transforman en rabia descontrolada.

“La pieza es una importante contribución a la construcción de paz en el país. Pero, a la hora de la verdad, ¿dónde están el gobierno de Karzai y la comunidad internacional? Son unos cobardes y mentirosos. En este país no hay justicia”, dice una señora entre los aplausos de sus compañeras. “Hay que organizarse y hablar con voz colectiva”. Y esto es lo que ocurrió después de otra función, esta vez cerca de la ciudad de Bamiyan, donde los talibanes destruyeron los antiguos y gigantes budas en 2001: al terminar la pieza de teatro, la gente del lugar formó una asociación de víctimas de la guerra, a fin de reclamar y pedir que nunca se olvide el pasado.

“La pieza nos ha ayudado a superar el silencio impuesto por las autoridades y levantar nuestra voz colectiva para crear un país más justo”, dice el representante de la asociación. “Puesto que nadie nos ayuda, debemos nosotros encontrar formas de resistir la amnesia oficial”.

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PINCHO

Bulle la creación escénica No todas las iniciativas de teatro en el país tienen un declarado objetivo político. Hace poco que el teatro en general se está creando un nicho entre las actividades culturales más tradicionales, como la poesía o la música. La facultad de Bellas Artes en la Universidad de Kabul está llena de estudiantes que sueñan con la carrera de actor en un país donde hace muy poco el mero hecho de escuchar música era ya suficiente para jugarse la vida. Hoy en día, existen decenas de grupos teatrales que interpretan a Shakespeare o las tragedias griegas, aunque todavía se censuran guiones escritos por autores afganos. De hecho, casi todas las producciones teatrales tienen que pasar por el ministerio de Información y Cultura, lo que hace que el contenido de las obras a menudo se oriente a los deseos del ministro y la ideología oficial.

En los últimos tiempos también han surgido varias iniciativas de teatro de base que emplean métodos participativos y emancipatorios como el Teatro del Oprimido y el Teatro Espontáneo. Desde el verano de 2007, y a pesar de ciertos peligros para los integrantes, se realizan una serie de tentativas de aprovechar el teatro para trabajar con los grupos más marginados de la sociedad en varias partes del país, aunque como muchos proyectos, el focus geográfico han sido los grandes centros urbanos y especialmente la capital.

Los participantes son, en su gran mayoría, mujeres de todas las edades, muchas de ellas analfabetas y presentes sin el permiso de sus familias, pero muy entusiasmadas por aprovechar los espacios de libertad ofrecidos por el teatro. A uno de los talleres, una de ellas, no asistió un día por haber sido severamente golpeada por su marido después de que éste se enterara de su participación secreta. Sin embargo, al día siguiente la mujer volvió diciendo que no quería perder ni un día más su participación, ya que no se había sentido nunca tan respetada y libre como durante el taller.

Además de proveer espacios de libertad, el teatro participativo fomenta el diálogo sobre temas que muchas veces no se discuten por miedo y desconfianza, parecería que la gente se autocensura para asegurar su supervivencia. Hoy sólo hay una organización afgana –la Afghanistan Human Rights and Democracy Organization (AHRDO)– que está intentando crear una plataforma para el teatro participativo. Asuntos como la violencia doméstica, la corrupción gubernamental, los problemas étnicos o las tradiciones culturales son debatidos con fervor y pasión, aunque la implementación de soluciones concretas en condiciones tan adversas muchas veces parezca un sueño lejano.

Esa misma adversidad ha forjado una fuerza física y espiritual que ha hecho que la gente no se rinda ante nadie ni ante nada, desarrollando de esta manera, una admirable capacidad de supervivencia, siempre con la esperanza de días mejores.

“Gracias al teatro participativo, tuve la oportunidad de contar la historia de la muerte de mis hijos por primera vez. Ahora me siento más fuerte y libre, convencida de que vale la pena trabajar por una verdadera democracia en mi país”, afirma entre sollozos una mujer de edad bastante avanzada. “El teatro me ha ayudado a convertir mis lágrimas en energía para seguir luchando por una vida mas digna”, dice Sardar, el ex-guerrillero, que, como reveló un día, perdió a seis hermanos a manos de un grupo islamista, apoyado entonces por EE UU.

Es éste el potencial transformador que tiene el teatro en tiempos de guerra. Es una auténtica arma para la transformación social y política. Hasta la victoria siempre.

Nadie se atreve a restaurar el Teatro de Kabul

Existe una compañía de teatro ligada al ministerio, el Teatro de Kabul, que tiene actores de renombre y ensaya en el antiguo teatro de Kabul, hoy una ruina que nadie se atreve a restaurar, quizá por temor a verlo nuevamente destruido por algún acto de violencia. También existen varios teatros móviles que prestan sus servicios a las ONG nacionales e internacionales y que recorren el país con piezas esencialmente educativas, por ejemplo con temas relacionados al cultivo y al uso de la droga. Estas piezas, por lo general presentadas en espacios públicos, atraen a una gran cantidad de gente, aunque no está claro si se trata de interés por el teatro mismo o por la falta de entretenimiento. La falta de entretenimiento es tan grande en todo el país que cualquier distracción, por nimia que sea, la gente la aprovecha para llenar sus vidas con un poco de alegría.

22 oct 2009

la máscara

Cerca de las ruinas del castillo, donde suelo ir a volar cometas, o que me vuelen ellas a mi, encontré la máscara.
Es una de esas máscaras neutras. Ni ríe ni llora, ni todo lo contrario. De las que al mirarlas uno siente cierta inquietud.
Le sacudí el barro y pensé que seria un buen elemento para colocar en el espejo de mi habitación.

Al poco tiempo, una noche que no podía dormir, decidí levantarme para poner en marcha el protocolo "noche de insomnio", es decir: me levanto, me miro en el espejo, hago doce muecas, me observo detenidamente, me auto-compadezco y me retiro chasqueando la lengua y arrastrando los pies, como un viejecito enfermo, hasta la cocina, donde me calentaré un poco de leche, me fumare cinco cigarros y me pondré a leer “La dramaturgia” de Yves Lavandier.

Pero esa noche, entre el espejo y la cocina, se interpuso la máscara. Parecía que esa indolente máscara, me llamaba. Me la puse y me acerqué hasta el espejo. Quise verme, pero sorprendentemente no me vi. ¡Fíjate!, yo había desaparecido. Yo ya no estaba. Solo podía ver la presencia de un cuerpo inerte. No parecía ni el mío.

Al menos, me oía respirar. Eso me tranquilizaba, sabía que estaba vivo.

No sé el tiempo que estuve, flotando en ese vacío, en esa nada. En ese espacio no espacio. En ese sitio que no existe, pero que es el sitio de donde nace todo. Y cuanto más tiempo vivía esa sensación, más pereza me daba el regreso. Esa máscara me hacía sentir bien.

Ya han pasado meses desde aquello. Y aquí estoy. Más contento que unas castañuelas.

-¡Anda! ¡Quítate esa careta, que me das miedo! ¡Pesao, que eres un pesao!-, me dice mi hijo, cada vez que me ve aparecer en la oscuridad del pasillo.

18 oct 2009

Ante la luz de los focos

Hay enhebras, pelusas, motas de polvo que flotan en el aire y se dejan ver ante la luz de los focos.
También hay nervios, respiraciones contenidas, miradas que van hacia arriba y hacia abajo como las enhebras, buscando el personaje, el texto, la réplica, la acción. Todo lo que en su conjunto haga posible el surgimiento de la magia.

Tengo una pierna entumecida y temo que en el siguiente paso que vaya a dar se note. No recuerdo bien la próxima frase. Desastre. Efectivamente. Me he tropezado, con la pierna y con la voz. Y además he acabado la frase con el punto hacia arriba. Para variar.

No, no estoy nervioso, me digo, las gotas de sudor son culpa del calor de los focos y el tembleque de las rodillas le va muy bien a mi personaje, o eso espero.
No recordaba que esta escena fuera tan larga. Diez minutos. ¿Diez minutos?. Juraría que llevábamos media hora.

Veo a la directora de reojo, tiene los ojos achinados, el entrecejo fruncido, contenida, tensa como una flecha en el arco, segundos antes de dispararse. La escena acaba. Y sale la flecha. Precisa, precisa y concisa. Va viniendo.

Todo se ha notado, el temblor de mis rodillas, la voz sin voz, la acción perdida, la réplica confusa y confundida, la frase mal acentuada y la equis sin pronunciar.
Y mientras espero que la flecha penetre por mis oídos, respiro y suspiro y vuelvo a respirar.

Llueve. No ha llegado a ser chaparrón, digamos que una tormenta pasajera.
Después de todo parece ser que no no ha estado tan mal. Pero la magia se quedó en el umbral. Tímida, -"a tan solo esto de llegarla a tocar"-, nos dice la directora, acercando el dedo índice y pulgar de la mano.

Nos vamos. Y al apagar los focos las enhebras flotantes desaparecen en la oscuridad. -¡Encended un mechero que no veo!-. Alguien me alumbra con el móvil. Nadie fuma. Eso me hace sentir viejo.

Ya en casa , junto a la estufa, el calor del café, y el cigarro pausado, recuerdo todo y sonrío.
Y arde de nuevo en mi interior la necesidad, la adicción, las ganas terribles de volver, convencido de que lo podemos hacer. De que es posible.

Cuento las horas para volver al ensayo. Para intentarlo de nuevo. Para invocar la magia, y poder sentirla.

Por que con solo una vez que la sienta , -sintamos-, ya todo habrá merecido la pena.

11 oct 2009

165 Farolas-La Ciudad de la Luz

"165 Farolas-La Ciudad de la Luz" nueva propuesta teatral de KROMLECH.

"165 Farolas-La ciudad de la luz" es la nueva propuesta teatral en la que está trabajando el grupo de teatro aficionado de Huarte, Kromlech.Kromlech dio el salto a los escenarios en el 2008 con la obra de Iñaki Arzoz "Operación Oteiza", una obra que fue vista por más de 500 personas en Navarra y que obtuvo el premio a la mejor escenografía en el encuentro de teatro aficionado Fabulito-Alegiatxo de Barañáin - 2009.

El grupo lo componen: Josu Castillo, Edurne Salaberri , Javier Briansó y Blanki Castillo. En esta ocasión la obra que presentan ha sido escrita por uno de los componentes del grupo: Josu Castillo.

Según el autor, una de las fases más interesantes en la elaboración del texto, ha sido su socialización, compartiendo el texto con más de treinta personas no relacionadas directamente con el teatro, personas que ejercen otras disciplinas artísticas como poetas, pintores, músicos o simplemente lectores y lectoras, que también querían participar.

"Tras el reparto, nos fueron llegando, las valoraciones y aportaciones de las personas que así lo han querido. Gracias a ellas, el texto base se ha ido nutriendo y puliendo poco a poco. Incorporando algunas de las propuestas que nos llegaban.

De este modo, una obra que nace de nosotros ha trascendido al propio grupo, convirtiéndose en un trabajo colectivo.

Entre esas colaboraciones destacan las realizadas por el escritor y artista Iñaki Arzoz o la poeta argentina Mabel Casas. colaboraciones que pueden ser leídas en la web del grupo. (http://www.txiski.net/kromlech.htm)

Para Kromlech, el arte, el intercambio y la relación artística no debiera tener fronteras. Según nos dice Josu: "Creemos que es interesante interactuar, con artistas en Chile, o poetas y escritores de Argentina (que también han enviado sus colaboraciones). En definitiva, enriquecernos mutuamente y hacer posibles proyectos, independientemente de la ubicación geográfica. Internet es una herramienta genial, para poder llevar acabo estos propósitos".

Fruto de este modo de trabajo es la la aportación de la pintora chilena Tamara Valdovino, que ha cedido la reproducción de un grabado suyo para que forme parte de la escenografía.

Ana Maestrojuán dirige la Obra

Al Igual que en Operación Oteiza, "165 Farolas-La ciudad de la luz" va ser dirigida por Ana Maestrojuán. Kromlech sigue apostando por esta directora ya que consideran que "ser dirigidos por Ana, es una gozada."- Nos dice Josu: "Es una directora con mucho carácter y se implica plenamente en su trabajo, lo cual hace que vivamos con mucha intensidad un montaje. Nos aporta mucho , ya que tiene una gran sensibilidad. Estoy convencido de que el texto en sus manos se va a ver enriquecido. Ya sabe que tiene plena libertad para hacer los cambios que considere oportunos .Para nosotros es un gran orgullo poder contar con ella ".

Para conmover y hacer reflexionar

Para Josu Castillo, "165 Farolas - La ciudad de la luz" va a gustar a las personas que le apasionan las historias de sentimientos, que se emocionan, ríen y también lloran con los avatares de unos personajes viajando a través de sus esperanzas, fracasos y angustias.

En palabras de Iñaki Arzoz: “165 Farolas-La ciudad de la luz” me parece una obra hermosa, llena de sabiduría y de sensibilidad social. Una digna muestra de ‘teatro pobre’ pero rico-en-ideas que no se encierra en un intelectualismo estéril ni en ‘arte por el arte’, sino que hace una apuesta social para conmover al público y, aún más importante, hacerlo reflexionar. Como mantiene la obra, hay una ‘ciudad de la luz’ en alguna parte -probablemente en nuestros corazones-, cuya búsqueda hace que la vida tenga sentido.”

El estreno del montaje está previsto para el viernes y sábado , 27 y 28 de Noviembre en la Casa de Cultura de Huarte a las 19:30h.

KROMLECH TEATRO AFICIONADO.

http://www.txiski.net/kromlech.htm

Tfno: 669872890 - Josu Castillo-

1 oct 2009

El secretito

Es Lander, arrastrando los pasos, como es su costumbre, encorvado y con una camiseta negra que supongo que es de su hermano, ya que le queda increíblemente pequeña. La camiseta lleva cosidas unas lentejuelas plateadas bordeando la palabra "disturbia", que está impresa en blanco. Si, ciertamente es horrorosa.

Sus bolsillos abultan una barbaridad, y lleva las manos, más que metidas, intentando que no se le caigan las cosas.

-¿Que pasa campeón?.- Le digo, provocándole una leve sonrisa. -Ya ves, estoy de incógnito, repartiendo secretitos.- Y me guiña un ojo, en realidad me guiña los dos. El se cree que sabe guiñar, pero no, no sabe. Cuando lo hace, cierra los dos ojos.

Mira hacia los lados, me coge una mano y deja que se deslice por ella algo que ha sacado de sus bolsillos. - Míralo cuando me haya ido.- Me dice con voz susurrante. -Tengo que seguir trabajando.- Y se va.

Lo veo acercarse a la farmacia y se para junto al farmacéutico que está en la puerta tomando el Sol. Lo conoce desde hace muchos años. Es el que le suministra el Notamid.
Le entrega al farmacéutico el secreto en su mano. El farmacéutico es manco y se apuntó a un curso de malabares. Es todo voluntad el farmacéutico, por eso aunque tenga solo una mano siempre sonríe como si tuviera dos.
Lander le guiña un ojo, bueno, le guiña los dos, y esto le hace reír al manco. Lander se despide y sigue su camino.

Se acerca hasta la Plaza, parándose junto a Mai, la que es un poco miope y un poco bizca también. Es muy hermosa. Y es el amor imposible de Lander. También le entrega su secretito.

Unos metros más adelante está Cat y antes de que ella le le diga nada, él ya le ha dejado el secreto en su mano. Ahora es Cat quien responde al guiño de Lander, con otro guiño. Pero Cat guiña perfectamente, a pesar de que nadie se lo enseñara.

Y mientras él continua su recorrido repartiendo secretitos yo decido ver que es lo que me ha dado. Es un papel arrugado, hecho un bolo, como esos papeles que nos pasábamos de mesa en mesa en la escuela, confesando amores o desafiando al tiempo, para que fuera más breve y hacernos mayores.

Lo abro, y hay una palabra escrita con tinta roja, -"Gracias"- y a su lado hay dibujado algo parecido a un corazón, pero también pudiera ser un culo. Pero no, seguro que se trata de un corazón. Lander, pobre, no hizo Bellas Artes y fíjate en qué se ha quedado.

A la noche, desde la ventana le he visto pasar, regresando a su casa, con sus bolsillos vacíos. Me ve y me levanta la mano, me guiña un ojo, bueno los dos, y sonríe. Camina más erguido y se le ve pleno, como si hubiera retenido el aire en sus pulmones. Sin peso. Va satisfecho. Si no fuera por esa camiseta, estaría guapísimo.

Guapo. Como un campesino cuando vuelve a casa después de haber hecho la siembra.

JOSU